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¿Podemos valorar una start up? Riesgo, incertidumbre y negociación

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La valoración de una empresa tradicional es un ejercicio complejo, pero metodológicamente sólido: existen datos históricos, empresas comparables en el sector y flujos de caja proyectables con cierta coherencia.

Pero una startup es una empresa diferente. Una startup es una organización temporal diseñada para buscar un modelo de negocio repetible y escalable, según la definición del gurú en estos temas Steve Blank.

Si atendemos a estas características, la startup busca:

  • un negocio escalable: crecimientos exponenciales
  • trata con la incertidumbre y la experimentación: no tiene una idea de cuál puede ser su cliente o cómo va a ganar dinero, por lo que debe aprender y validar sus hipótesis
  • generalmente son de base tecnológica y aspiran a acceder a mercados globales

Los métodos clásicos de valoración no funcionan cuando no hay histórico, los flujos positivos están a años vista y el negocio es tan innovador que no tiene comparables.

Este artículo explica por qué, la distinción fundamental entre riesgo e incertidumbre, cómo piensa el inversor y qué puede hacer el emprendedor para maximizar sus posibilidades de conseguir financiación.

1. Las tres características de una startup

  • Modelo tecnológico o muy innovador: sin comparables directos o con comparables en mercados muy distintos.
  • Previsión de crecimiento alto: pero los flujos de caja positivos no llegarán hasta después de años de inversión.
  • Necesidad de recursos financieros importantes: habitualmente a través de rondas sucesivas ligadas al cumplimiento de hitos.

No todo emprendimiento es startup. La mayoría de emprendedores exploran negocios más tradicionales, donde las herramientas clásicas de valoración y viabilidad sí funcionan.

2. La distinción clave: riesgo vs. incertidumbre

Esta diferencia es fundamental para entender por qué las startups son tan difíciles de valorar:

El riesgo es aleatoriedad que puede medirse. La incertidumbre es aleatoriedad que no puede medirse.

En una empresa tradicional hay riesgo: los bancos, las fintech y los valoradores profesionales tienen métricas para cuantificarlo. Se puede aplicar cualquier método reconocido (descuento de flujos, multiplicadores) con bastante coherencia.

En una start up hay incertidumbre: el inversor no tiene dónde apoyarse para decidir con criterio financiero. Se desconocen más cosas de las que se conocen, y lo desconocido puede ser enormemente valioso.

El ejemplo clásico: en 1994, valorar Amazon con métodos tradicionales habría arrojado un resultado irrisorio o negativo. La incertidumbre era total. Y era precisamente esa incertidumbre la que ocultaba el mayor potencial.

3. Cómo piensa el inversor: el triángulo rentabilidad/liquidez/riesgo

Todo inversor, sea un banco o un capital riesgo, evalúa cualquier inversión a través de tres dimensiones interrelacionadas:

Concepto Qué significa para el inversor Implicación práctica
Rentabilidad Capacidad del negocio de generar beneficio y plusvalía para el inversor a futuro. Un negocio muy rentable pero poco líquido puede acabar en suspensión de pagos. Sin solución de liquidez, no será financiable.
Liquidez Capacidad de convertir la inversión en dinero en un plazo razonable (vender la participación). Un negocio rentable pero ilíquido para el inversor puede ser financiable por un banco con garantías, pero no por un capital riesgo.
Riesgo Incertidumbre cuantificable sobre la generación de caja futura. Se puede medir y se refleja en la tasa de descuento. A mayor riesgo, mayor rentabilidad exigida. Un negocio tradicional tiene riesgo medible; una startup tiene incertidumbre no medible.

 

Un negocio puede ser muy rentable pero poco líquido para el inversor: su futuro será oscuro y se acercará a la suspensión de pagos. Sin solución al problema de liquidez, no será financiable por un capital riesgo, aunque sí pueda serlo por un banco con garantías.

4. Cómo se valora una startup: la negociación

Dado que los métodos tradicionales no funcionan, la valoración de una start up es en esencia una negociación. El proceso es el siguiente:

  • El emprendedor y el inversor negocian la participación que el inversor adquiere a cambio de su aportación de capital.
  • El inversor estima cuánto podría valer su participación si el negocio llega a los hitos prometidos y qué probabilidad asigna a que eso ocurra.
  • Esa estimación, comparada con su objetivo de rentabilidad, determina si la operación le interesa.

No hay un cálculo objetivamente correcto. Hay una negociación entre dos partes con información asimétrica y expectativas distintas.

Un primer consejo práctico: si el emprendedor no necesita financiación de terceros, que no la busque. Que se centre en el desarrollo del negocio. Ceder participación prematuramente es uno de los errores más costosos en el ecosistema emprendedor.

5. Qué hace ganar una negociación con un inversor

Los inversores de riesgo financian emprendedores, no ideas. Sus decisiones se basan más en la confianza en el equipo que en el análisis financiero. Estos son los factores que más pesan:

Factor de éxito Por qué importa al inversor
Equipo completo y comprometido Perfil técnico/tecnológico + comercial + organización/finanzas + perfil gerencial. Dedicación total y aportación mínima de capital propio.
Producto mínimo viable Demuestra que la idea puede ejecutarse. Sin MVP, el proyecto es solo una hipótesis.
Tracción de ventas Ventas reales demuestran que el mercado existe y que el producto tiene demanda. Es el dato más valioso que puede aportar un emprendedor.
Plan de negocio con hitos Las rondas de financiación se estructuran alrededor de hitos a cumplir. El inversor quiere saber qué conseguirá con su dinero antes de la siguiente ronda.
Capacidad de explicar el proyecto Los inversores financian emprendedores, no ideas. La claridad, la honestidad y la coherencia del equipo son determinantes.

 

Una advertencia sobre la tecnología: el exceso de confianza en ella es un error frecuente. En un momento puntual puede actuar como barrera de entrada, pero su evolución rápida puede dejarla obsoleta. Y a futuro, los costes tecnológicos crecientes harán que las pequeñas startups del mismo nicho tengan que agruparse para sobrevivir, lo que en práctica resultará en absorciones más que en fusiones.

6. Conclusión

Valorar una startup es un ejercicio de negociación, no de cálculo. La incertidumbre inherente al modelo hace imposible una valoración objetiva por métodos clásicos. Lo que sí puede hacer el emprendedor es construir los elementos que dan confianza al inversor: un equipo completo, un producto probado, tracción de ventas y un plan con hitos claros.

Con todo esto trabajado, la negociación dispone de una base más sólida.

Paco Subias

Escuchar – Planificar – Hacer – Controlar – Ajustar

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