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¿Cómo saber si tu plan estratégico está funcionando de verdad?

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Muchas empresas diseñan planes estratégicos, pero no saben cómo medir si están funcionando. Este caso explica cómo utilizar el valor de la empresa como indicador de éxito real.

Situación: crecer de forma ordenada midiendo el éxito real

Una empresa quería crecer de forma ordenada y decidió poner en marcha un plan estratégico a cinco años.

El reto no era diseñar el plan, sino saber si estaba funcionando. Es decir, necesitaba conocer cómo medir si las decisiones tomadas estaban generando valor real o simplemente actividad.

Acciones: el valor de la empresa como indicador del plan estratégico

La respuesta que planteamos es utilizar el valor de la empresa como indicador de éxito del plan. Sí las medidas estratégicas son las correctas, el valor de la empresa crece. Y sí el valor no crece, algo falla, aunque los números a corto plazo parezcan razonables.

El proceso se articuló en cuatro pasos:

  • Primero, proyectamos qué pasaría en cinco años si la empresa continúaba como hasta ahora, sin cambios relevantes. Esa proyección fue el punto de partida, la referencia contra la que medir cualquier mejora.
  • Segundo, analizamos las opciones disponibles: que combinación de más ventas, mejor margen, inversiones o reducción de costes generaba más valor. Cada opción tiene un impacto diferente en los resultados, en la caja y en el valor final de la empresa.
  • Tercero, se eligió la estrategia más adecuada y se responsabilizó al equipo directivo de ejecutarla.
  • Cuarto, se calculó el valor adicional generado comparando el escenario con las medidas aplicadas frente a la proyección inicial sin cambios. Esa diferencia es la medida real del éxito del plan.

El valor de la empresa se debe recalcular periódicamente para comprobar si el plan va por buen camino. Se debía ajustar cuando la realidad se desvíaba de lo previsto.

Resultados: crecimiento gestionable con objetivos concretos y medibles

La empresa dispuso de un plan con objetivos concretos y medibles, no solo cualitativos.

Cada decisión estratégica se evalúaba por el valor aportado, lo que ayudaba a priorizar y a descartar iniciativas que consumen recursos sin generar retorno suficiente.

El crecimiento deja de ser una intención y se convierte en un proceso gestionable.

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