Una empresa con beneficios pero que le cuesta pagar sus obligaciones a final de mes. Una situación muy habitual que se debe gestionar proactivamente antes de que cause problemas serios.
Situación: beneficios pero cuenta corriente vacía
Una empresa con ventas de más de un millón de euros y beneficios se encontraba con la paradoja de no disponer de dinero para pagar sus obligaciones. El gerente no entendía cómo era posible. Los números eran buenos, pero la cuenta corriente no lo reflejaba.
El problema estaba en los plazos. Los clientes tardaban de media 128 días en pagar, mientras que los proveedores reclamaban el pago en 60 o 90 días. La empresa financiaba sin saberlo a sus clientes, en su obsesión por vender, y esa diferencia se comía toda la liquidez.
Acciones: análisis de liquidez, control de cobros y previsión de tesorería
Lo primero fue explicar al gerente por qué esta situación es más habitual de lo que parece y cómo los beneficios contables no equivalen a dinero disponible. Entender el problema fue el primer paso para resolverlo.
Se analizaron las necesidades financieras inmediatas y se detectó una necesidad de liquidez urgente de 115.000 euros. Los socios acordaron un préstamo interno y se solicitó una póliza de crédito para cubrir la parte debida al negocio.
Al mismo tiempo se revisó la cartera de clientes pendientes de cobro. El análisis reveló facturas por valor de 35.000 euros con más de un año de antigüedad, muchas de ellas sin cobrar por errores evitables: facturas que no habían llegado al destinatario correcto, datos incorrectos que nadie había corregido, o simplemente falta de seguimiento. El departamento administrativo estaba colapsado y sin procedimientos claros.
Se implantó un sistema de control de facturación y cobros, y se estableció una previsión de tesorería mensual para anticipar los momentos de tensión antes de que ocurrieran.
Resultados: plazo de cobro de 128 a 65 días en un periodo corto
En tres meses el plazo de cobro bajó de 128 a 65 días. Con el seguimiento continuado se consolidó en 65 días, y el pago a proveedores se normalizó en 70 días. Las necesidades de financiación se redujeron casi a la mitad. Algunos proveedores, al cobrar con más puntualidad, ofrecieron mejores condiciones de precio.
La empresa pasó de gestionar la tesorería como una crisis permanente a anticiparla con un mes de antelación.